Mal Menor, engaño para tontos

La Tronera de Celemín

Kamikaze

De pie, como toda la tarde, Luis Carlos limpia la barra con un trapo que, si lo dejara estirado, es muy posible que se tuviera en pie. Acaba de rellenar las neveras, bajo el mostrador, para que mañana haya bebida fresca a primera hora. El bar, vacío, si no fuera por Ramiro, ese vecino pelma que toma Sol y Sombra en vasos de tubo (sin hielo, que lo agua) y que pasa más tiempo sentado en la esquina de la barra, junto a las tragaperras, dando conferencias magistrales a quién quiera escucharle, que en su casa. Luis Carlos espera a que apure el quinto vaso de Terry con Anís del Mono de la tarde-noche, para decirle que ya no hay más, y que se vaya a casa.
Le duelen los pies, está cansado, harto y de mala leche. Hace dos horas que debiera estar con la Jeny, pero allí…

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