Miente que siempre queda.

Y que verdad.

La Tronera de Celemín

El camello

Un fuerte estruendo le derramó encima el Daikiri que tenía en la mano.

Unos segundos antes, la preciosa rubia que estaba a su lado, (debía de ser su mujer, aunque no podía distinguir su cara), le sonreía como en los anuncios televisivos. El sol brillaba en el horizonte y palmeras y sombrillas de paja se encuadraban en una idílica foto.

  • Policía, quietos todos, policía le estaban ahora taladrando el oído

Tenía todo el pecho mojado y la camiseta del pijama chorreaba. Le habían echado un vaso de agua encima para despertarlo. No entendía nada. ¿Que era todo aquello? ¿Que hacían esos hombres en su casa?¿habían dicho que eran policías? ¿Pero, por qué le habían despertado a las tres de la mañana?

Cuando la realidad le cayó encima y se dio cuenta de la situación, vio a su mujer, morena, tumbada boca abajo en el suelo junto…

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